Creo que siempre fui una rara, desde pequeña era la que
tragaba libros, la que soñaba con encontrar el amor...
...Y lo encontré, claro que lo encontré. Y no uno, sino
varios. El problema es que todos y cada uno de ellos le pertenecía a alguien
más.
Me acostumbré a ser la tercera. La que no sale en la
foto. La que se esconde y esconden. La que espera por horas o por días, una
palmadita y un beso en la frente, como si mereciera un premio de consolación.
Esa a la que le hacen el amor, pero sin amor.
Big y yo tenemos mucho de eso, hacemos el amor yo “con” y
él “sin” amor. No me quejo, creo que si hay alguien que sabe con certeza el
cómo funciona mi cuerpo, ese ser es Mr Big.
Big tiene la habilidad de someterme y créanme, si hay una
característica que en este mundo yo no poseo, es el ser sumisa. ¿Por qué lo soy
con él?, supongo que una respuesta acertada sería “porque estoy enamorada”,
pero jamás fue esa una razón que me sometiera y he estado enamorada muchas
veces en el pasado.
Me lo he cuestionado mil veces y he llegado a la
conclusión de que Big tiene algo que logra someter a cualquiera que entre en su
órbita. Es extraño, pero cuando entra a un lugar, todo comienza a girar en
torno a él. Mi conclusión es que Big tiene su propio campo de gravedad.
Si me hicieran describirlo, sólo diría “perfecto”, porque
es la verdad, un hecho tangible, porque así es.
Sus ojos, por ejemplo, a simple vista parecen oscuros,
opacos, pero si te detienes un segundo, te das cuenta de que son completamente
verdes, con manchitas amarillas por el borde de una pupila que en este momento
estaba casi completamente dilatada. Me dejé engañar con que estaba así, porque
le gustaba lo que tenía en frente, es decir, yo. Pero la oscuridad de la
habitación me susurró al oído que en realidad era ella la que provocaba esa
reacción.
Si lo pienso bien, Big y yo hemos estado pocas veces en
una cama. Supongo que no más de 6 o 7, lo que no sería extraño si en esta
relación no llevásemos un poco más de 5 años y una vida sexual tan intensa como
lo permite su agenda. Si lo dudan, pueden preguntar a un negro y cómodo sillón en
su oficina o a varios espacios de la mía.
Recuerdo que una vez me dijo que no le gustaba la idea de
llevarme a un motel, jamás me atreví a preguntar el por qué, creo que después
de todos estos años, aun no quiero saber esa respuesta. La ignorancia es la
felicidad, dicen los sabios.
Había viajado en un bus durante más de 3 horas para estar
ahí. Y odio los buses, con toda el alma. No lo se, supongo que es una mezcla de
la sensación de tener un cuerpo extraño rosando mi lado y el estar encerrada
con 40 personas totalmente desconocidas, todas respirando el mismo y escaso
aire.
El tenerlo en frente en ese momento, con los ojos medio
dormidos, recién duchado y completamente desnudo eligiendo una camisa después
de reponerse de un orgasmo, valía mil kilómetros de viaje más.
Me quedé quieta observando un espectáculo que antes nunca
había presenciado. Estaba atenta y entretenida, como si verlo secarse los dedos
de los pies con los calcetines mientras me hablaba de algo que no recuerdo,
fuese un soliloquio de Darín en una función exclusiva para mi. Fascinante...
como todo en él.
Observé cada movimiento de sus dedos, tan torpes para cosas
que parecen simples y tan diestros en mi entrepierna. Mientras abrochaba sus
pantalones junté los muslos. Un reflejo supongo, cada vez que pienso en sus
dedos y en el cierre de su pantalón, mi cuerpo me obliga a lo mismo.
Guarde en mi memoria cada movimiento hasta que salió de
la habitación. Es un hábito en mí. Una “amante” puede ser descartada en
cualquier momento, a cualquier hora y en cualquier lugar, es decir, una amante
no puede poner su confianza en el hecho de que tendrá tiempo. Cada minuto
vivido es un minuto que no se repetirá y que jamás volverá.
Comparo este tipo de amor, con la vida de un condenado a
muerte. No existe un minuto que se pueda desperdiciar.
Sabía que Big volvería, después de todo, él había venido
a esa ciudad no por mi, si no por trabajo. Y eso es algo que Big hace
incansablemente. Trabajar.
Me levanté de la cama y aproveché para bajar al
restaurant del hotel a comer algo... No podía decidir si ser feliz o delgada. Me reí
bajito, delgada no estoy, así que sólo me quedaba el ser feliz. Una hora y un
lomo a lo pobre a medio digerir más tarde, yo estaba duchada, con pijama, en
una habitación ordenada y una cama que no evidenciaba haber tenido uso
previo.
Soy compulsivamente ordenada, me cuesta descansar si
siento que hay algo fuera de su lugar, aunque sea una estupidez. Supongo que se
lo debo a una no insignificante lista de enfermedades mentales que incluyen
TEA, Bipolaridad, e innumerables TOC.
Me hice un mapa mental de lo que pasaría, un modo que
tengo de no generarme expectativas que me puedan decepcionar, un modo
medianamente efectivo de proteger a mi corazón supongo.
Me acomode en la cama para leer una novela medio estúpida,
totalmente predecible acerca de una pareja que obviamente llegarían a casarse y
ser felices... por siempre. Es extraño que nos vendan cuentos de hadas aun
siendo adultas. Sólo cambian un poco los personajes. El príncipe no es
perfecto, está roto en algún sentido emocional pero siempre es increíblemente
guapo y viril, millonario también es una de sus características. Ella es un
poco estúpida, sumisa y virgen. Inteligente, poco astuta y pobre.
Él la convierte en una máquina de sexo y ella lo salva de
todos sus demonios. ¡Puag!, estoy harta de que me regalen estas novelas. Entre
estas y las de Corin Tellado, prefiero a Corin, al menos había misterio y
sufrimiento casi real. En estas sólo se describe un sexo bastante pobre y
machista en realidad ¿qué es eso de que las mujeres llegamos al orgasmo solo
con bombeo? Tenemos clítoris ¿saben? Y un punto dentro de la vagina al que, si
se le estimula debidamente, te hace explotar...
... Ese precisamente era el punto que Big estimulaba después
de volver de su cena de trabajo. Yo estaba humedecida, caliente y lista para el
tercer orgasmo en forma casi simultanea. Dicen que todas las mujeres tenemos el
potencial para ser multi-orgasmicas, pero que sólo algunos hombres logran descifrarlas
y llevarlas hasta su máximo potencial. Pues Big me descifró, me lee como a un
libro de niños y me lleva al orgasmo con la habilidad de un relojero suizo una
y otra y otra vez antes de buscar su propio final.
Siempre me ha parecido algo injusto, pero no es mucho lo
que una mujer puede llegar a hacer en esos temas. De todos modos, intento
compensarlo cada vez que quiere arrodillada frente a él. Nunca ha sido un
sacrificio (se que a muchas las felaciones no les va) a mi me apasiona el
lamer, chupar, succionar y tragar. Lo disfruto creo que tanto como él.
Su final esa noche llego conmigo sobre él, con su erección
dentro de mi, mientras apretaba mi vagina a su alrededor retorciéndome en mi
propio placer y en esas descargas que te contraen los nervios llevándote hasta
el centro de esa parte dentro de ti que cae y no deja de caer y caer. Cuando la
calma llegó me recosté a su lado, él no se movió y en un minuto su respiración,
antes agitada se acompasó.
No son muchas las veces en las que puedo ver dormir a Big
y es una de las cosas que más me gusta.
Verlo ahí, indefenso y expuesto, ajeno a todo el mundo a su
alrededor me produce ternura y paz. Con los ojos cerrados al mundo y los labios
entreabiertos parece más joven, menos duro quizá y más inocente también.
Me quedé ahí, mirándolo, memorizándolo, intentando
imaginar hasta dónde es que me llevará todo esto. No soy estúpida y se que
nadie puede ir a vivir con el diablo sin pagar las consecuencias, terribles
consecuencias. Me pregunté el qué puede ser peor que el saber que ese hombre
que ahora dormía tranquilo y relajado a mi lado no era mi hombre, que ni
siquiera me quiere, al menos no del modo en el que yo lo quiero a él.
La respuesta llegó sola una hora después y me pegó como
un ariete. Big despertó de repente, miró la hora en su celular y saltó de la
cama. Con las prisas del que huye o se esconde, en menos de un minuto estaba
perfectamente vestido. No dije nada, aun no lograba reponerme del golpe y del estallido de la
burbuja en la que hace poco me encontraba. Si me dijo algo, no lo recuerdo,
solo tomé mi propio teléfono y respondí a un mensaje sin importancia. Esas
cosas mecánicas que una hace cuando está medio en shock. Big rodeó la cama, me
preguntó si estaba bien a lo que creo que asentí, me dio un beso en la frente y
se fue. Me quedé varios minutos mirando a la puerta cerrada ¿que es lo que había
hecho mal? Repasé toda la noche (en este caso 3 horas) y no encontré nada que
pudiese ser usado en mi contra. La respuesta llegó sola nuevamente... Para Big yo soy de
esas personas que se llevan a la cama, pero con las que no se duerme. Suspiré, me abracé a la almohada en la que había descansado su
sueño, aún estaba tibia y tenía su olor. La apreté con fuerza, me di las buenas noches e
intenté dormir.
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